

En un principio, sólo estaba el árbol, el roble centenario bajo el cual los representantes de los pueblos de Bizkaia debatían los problemas comunes.
Eran las Juntas Generales. El mismo ritual se llevó a cabo durante siglos: bajo la modesta sombra de sus ramas, se elaboraron leyes, se juraron lealtades, tomaron decisiones, y solucionaron contratiempos entre los municipios del territorio.
Junto al árbol también yacía una iglesia, una pequeña ermita, que en los frecuentes dias lluviosos, acogía a los junteros reunidos para, que, después de oir la misa, debatieran los asuntos públicos.
Así fué hasta principios del siglo XIX, cuando el progreso y la practicidad llamó a la puerta: había que construir un nuevo edificio que acogiera a la histórica institución.
Nació entonces la actual Casa de Juntas, levantada sobre los cimientos de la antigua iglesia y aledaña al roble que acabó en símbolo de libertades para el pueblo vasco.
Más de cien años depués, el conjunto monumental a penas a mutado y puede visitarse en su totalidad, junto a la sala de la Vidriera, convertída en un museo que compendia la historia de Bizkaia.
"Los tiempos han cambiado y las leyes, también. En Gernika, un roble del siglo XVIII nos recuerda la Euskadi que fué: aquella en la que se hacía política bajo sus ramas".
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