domingo, 9 de diciembre de 2018

Adiós al desánimo


El respeto por uno mismo o la profunda aceptación del yo es una forma de humildad que expresa una automática consideración por el otro. Cuando hay respeto por uno mismo y humildad, no hay espacio para el desánimo o la negatividad.

He considerado que el alejamiento espiritual significa poseer un fuerte sentido del yo, que no se deja influir por los factores negativos de los demás; es una manera de amar a los otros como seres eternos y de comprender que ellos también han sido engañados por la conciencia corporal.

Considerar que todo reside dentro de un plan divino, es el aspecto final del desapego espiritual. Pensemos por un momento que el mundo es un enorme escenario, donde cada alma posee una parte exclusiva y precisa para representar. Un actor ejecuta la suya sin preocuparse por los papeles de los demás. Concentrado en su rol, simplemente observa e interactúa con los papeles de los otros, sin intentar representar el de ellos. Usted puede convertirse en un observador del drama de la vida, de esta manera.

Vivimos en una era compleja pero estoy convencido de que es un drama benevolente, aun cuando las escenas contengan dolor o sufrimiento. Con una actitud espiritual, imagine que está sentado en un cine, donde se entretiene con cada escena. A través de la conciencia del alma se ve todo de manera diferente y se comprende que la inmortalidad no deja lugar para la preocupación, el temor o la zozobra. El sentido de un propósito más elevado evita el surgimiento de pensamientos y sentimientos negativos o inútiles.

Otro aspecto para eliminar el desánimo y la negatividad y dejar de ser una víctima es asumir responsabilidades; por nuestras acciones, nuestros sentimientos y nuestras respuestas. Cuando logramos adquirir responsabilidad y dejamos de echar culpas, estamos comprometiendo nuestros esfuerzos para alcanzar nuestra auto-trasformación.

B. Kumaris

sábado, 24 de noviembre de 2018

La Guía Definitiva para Lavar la Fruta y la Verdura de Forma Correcta

Hoy en día, tanto las frutas como las verduras que llegan a tu mesa, pueden estar manchadas por el polvo o por la tierra donde han estado cultivadas, pueden estar contaminadas por productos químicos como pesticidas o productos fitosanitarios, o incluso por gérmenes que pueden ser muy dañinos para la salud.
De ahí la importancia de lavarlas a conciencia, sobre todo si vas a tomarlas crudas, ya que es la forma de evitar contaminaciones. Por eso, en este artículo te voy a contar cómo hacerlo correctamente para minimizar ese riesgo.
Por un lado, los pesticidas y productos químicos con los que tratan la fruta y la verdura para evitar las posibles epidemias son cada vez más potentes, lo que permite por otra parte aumentar considerablemente los volúmenes de producción al no perder parte de las cosechas por plagas. Si se utilizan correctamente, suelen ser seguros dentro de un rango de toxicidad que establecen los departamentos de sanidad de los distintos países donde se producen, pero también es conveniente saber cómo lavar los productos hortofrutícolas para eliminar el máximo posible estos productos químicos.
Otro de los peligros que puede afectar a las hortalizas es la contaminación por bacterias como Eschericia coli, Salmonela, Listeria o Shigella, entre otras, que pueden producir intoxicaciones gastrointestinales, en algunos casos serias. Estas bacterias pueden provenir del agua de riego utilizada en el cultivo de estos productos, de deposiciones de animales o abonos utilizados o incluso contaminarse durante el proceso de recogida y transporte hasta el punto de venta por entrar en contacto con alguna de estas bacterias.
La intoxicación por bacterias es especialmente delicada durante el embarazo, dado que por ejemplo, la toxoplasmosis que puede cursar un simple resfriado en una persona puede ser bastante peligrosa para el feto, y ésta puede transmitirse si las hortalizas que toma la embarazada han estado en contacto por ejemplo con heces de gato contaminada y no se han lavado de forma correcta.
Incluso aunque compres frutas y verduras procedentes de agricultura ecológica, en los que no se hayan utilizado productos químicos para tratarlos, puedes encontrar simplemente tierra o suciedad ambiental que debes saber cómo eliminar convenientemente antes de consumirlos.

Cosas a tener en cuenta antes de lavar la fruta y la verdura

Cuando vayas a comprar, ya sea al supermercado, frutería o donde tengas por costumbre adquirir estos productos frescos, intenta seleccionar aquellos que no tengan cortes ni magulladuras en la superficie, ya que si presentan un corte en la barrera de la piel vegetal, puede ser una puerta de entrada para los pesticidas que se hayan podido utilizar durante su cultivo. Si alguna pieza de fruta o de verdura tiene algún corte, retira esa parte para evitar los posibles patógenos o bacterias que pudieran haber entrado en contacto con ese alimento. No confundas esta precaución con descartar las piezas que puedan ser feas, dado que aunque no sea una pieza espectacular, si no tiene un corte en su superficie, es perfectamente comestible.
Cuando llegues a tu casa con la compra, lo primero que debes hacer es sacar los productos de las bolsas y guardar primero las frutas, verduras y hortalizas que hayas comprado, si es dentro de la nevera en el cajón apropiado, y si es fuera, en el sitio donde dispongas. A continuación, debes lavarte las manos y terminar de sacar la carne, el pescado y el resto de alimentos para guardarlos. De esta forma, estarás evitando cualquier posible contaminación cruzada de gérmenes o pesticidas desde los vegetales al resto de alimentos que hayas adquirido.
Tanto la fruta como la verdura y las hortalizas, debes lavarlas solamente justo antes de consumir o cocinar, dado que en caso contrario, aunque elimines los pesticidas es posible que dejes la pieza húmeda y favorezcas el crecimiento de gérmenes que pueden aprovechar el agua que queda entre las hojas o en la superficie de la pieza. Por el contrario, si no transcurre mucho tiempo entre el lavado y el consumo o preparación, no darás tiempo a que las bacterias crezcan.
Es bueno que recuerdes que los pesticidas están en la parte exterior de los vegetales, por lo que el lavado de su superficie será básico para eliminarlos. Pero debes tener en cuenta que cada tipo de pieza o producto requiere una forma de actuar específica dependiendo de sus características.

¿Cómo hay que lavar cada una de ellas?

Antes de proceder a manipular y lavar las frutas y verduras que vayas a consumir, debes lavarte las manos, y también debes hacerlo cada vez que lo dejes para hacer otra cosa, como puede ser manipular otro tipo de alimento como carne, coger el teléfono, sonarse la nariz…etc.
Ten en cuenta además que los utensilios de cocina que vayas a utilizar, como pueden ser el fregadero, la tabla de cortar, el cuchillo o el escurridor donde vayas a poner a escurrir la verdura, deben estar perfectamente limpios antes de cada uso.
Y ahora que ya tienes todo preparado, puedes proceder con cada tipo de hortaliza de la siguiente manera:
  • Vegetales de hoja como las lechugas y las coles: tienes que lavar por separado y de forma individual las hojas de lechuga y otras verduras bajo el chorro de agua corriente. Además, debes retirar las hojas exteriores y tirarlas, sobre todo si están feas o pochas, ya que suelen ser las que están más contaminadas. Si las hojas están muy sucias, tienen tierra o incluso pulgones o bichitos, puedes sumergirlas previamente durante unos minutos en un recipiente con agua fría y un chorro de vinagre del que utilizas normalmente para aliñar tu ensalada (puede ser de vino, de manzana…etc.), para que la tierra se ablande y se desprendan los bichitos, y después aclararlas bajo el chorro del agua. Para eliminar el exceso de humedad, puedes secarlas con un centrifugador de verduras o con papel de cocina una a una. El tronco también puedes comerlo si tienes por costumbre hacerlo, pero lavado.
  • Verduras como espinacas, acelgas, borrajas y otras parecidas: tienes que cortar los tallos y poner las hojas en un escurridor o colador grande, y ponerlas debajo del chorro de agua fría mientras las frotas para eliminar posibles elementos que puedan estar pegados a las hojas. En este caso, es mejor no dejarlas en remojo, porque se pueden perder elementos hidrosolubles como las vitaminas C y B e incluso folatos, perdiendo así algunas de las propiedades al consumirlas.
  • Vegetales que crecen en racimo como la coliflor o el brócoli: tienes que sumergirlos en agua durante uno o dos minutos y después lavarlos bajo el chorro de agua fría. Sécalos a continuación con papel de cocina para asegurarte que eliminas todos los posibles restos de polvo o suciedad ambiental.
  • Puerros: quita la parte verde que no vayas a consumir y la parte de la raíz que es la que ha estado en contacto con la tierra, así como la primera capa exterior si está demasiado deteriorada. A continuación, puedes hacer un corte en cruz en la parte donde estaban las hojas y abrir bien esas capas pasándolas por el chorro de agua fría para asegurarte que entra bien y se lleva los posibles restos de tierra que pudiera tener. Si ves que tiene demasiada suciedad entre sus hojas, puedes partirlo longitudinalmente por la mitad y lavar cada una de las capas bajo el chorro de agua fría y secar después con papel de cocina.
  • Raíces y tubérculos como patatas, zanahorias, rábanos o jengibre: si tienen mucha tierra, como podría ser en el caso de las patatas, puedes dejarlas en remojo y pasarles un cepillo suave para eliminar los restos de tierra, sobre todo si las vas a cocer con piel. Después de pelar las piezas que necesites, debes pasarlas por debajo del chorro de agua fría nuevamente para eliminar los posibles restos que hubieran podido transferirse al pelarlas. Seca a continuación las piezas antes de proceder con ellas.
  • Frutas y hortalizas de consistencia firme como manzanas, peras, calabacines o pepinos: lava las piezas bajo el chorro de agua fría frotándolas con las manos o pasa un cepillo suave si lo ves necesario (puede valer un cepillo de las uñas que sólo utilices para este fin en la cocina). A continuación, seca con un papel de cocina. Si los vas a pelar, hazlo una vez que estén perfectamente secos. La única fruta en la que te puedes saltar este paso de lavarla antes de quitar la piel es el plátano.
  • Hortalizas y frutas de piel dura que quieras consumir sin pelar, como tomates: además de lavarlos bien bajo el chorro de agua fría, debes utilizar un cepillo de cerdas suaves para eliminar tanto los restos de pesticidas como las bacterias que pudieran estar adheridas a la piel. Antes de cortarlos, debes lavarte las manos con jabón para evitar transferir los posibles pesticidas que hubiera.
  • Sandías y melones: tanto si tienen mucha tierra como si no, como han estado en contacto con la tierra, conviene lavar con agua las piezas antes de abrirlas, y después secarlos para evitar posibles contaminaciones. Cuando vayas a cortarlos, es conveniente utilizar un cuchillo para cortar las tajadas y otro distinto para separar la pulpa de la piel.
  • Frutas blandas o delicadas como uvas, cerezas, ciruelas, moras, fresas o frambuesas: no debes lavarlas hasta el momento justo antes de su consumo, y es conviene que las revises antes de guardarlas deshaciéndote de esos granos o piezas que estén estropeadas o mohosas dado que podrían afectar al resto. Sumérgelas en agua durante unos minutos y a continuación, pásalas por debajo del chorro de agua fría sin frotar demasiado (especialmente si se trata de fresas,moras o frambuesas), ya que si dañas su pulpa puedes aumentar el riesgo de contaminación.
  • Setas y champiñones: elimina la parte que tenga tierra y a continuación, límpialas con un cepillo suave o con papel de cocina humedecido una por una para asegurarte de eliminar bien todos los posibles residuos que puedan tener.
  • Hierbas aromáticas, berros y otras verduras de hoja pequeña: debes ponerlos en un colador o escurridor y lavarlos bajo el grifo con el agua corriente, dándoles vueltas hasta que queden perfectamente limpios.
  • Mis remedios


miércoles, 21 de noviembre de 2018

Test de Freud que revela tu verdadera percepción de la vida

  1. Estás mirando en el mar. ¿Qué sientes?
  2. Estás caminando en el bosque y mirando al suelo. ¿Que ves? Ahora escribe la sensación que tenías.
  1. Ve las gaviotas volando por encima de tu cabeza. ¿Cómo te hace sentir esto?
  2. Estás mirando a los caballos correr. ¿Qué emociones recibiste?
  3. Estás en el desierto, y hay una pared delante de ti. No se puede ver el final de la misma. Hay un agujero en la pared. Ves un oasis a través de él. ¿Qué vas a hacer?
  4. Mientras andas por el desierto, de repente te encuentras una jarra llena de agua. ¿Cuáles son tus acciones?
  5. Estás perdido en el bosque en la noche. De repente te encuentras una casa con luces encendidas. Piensa en lo que vas a hacer.
  6. Estás en la niebla, y no puedes ver nada. ¿Qué es lo primero que quieres hacer?
Significado de tus respuestas
  Ahora es el momento de descodificar tus respuestas. Todo lo que has escrito revelará algo sobre tu subconsciente. Esto es lo que significan tus respuestas:
  1. Esta respuesta es tu actitud hacia la vida, tus deseos y emociones.
  2. Esta respuesta es la manera en que te sientes sobre su familia.
  3. Esta respuesta es tu actitud hacia las mujeres.
  4. Esta respuesta es tu actitud hacia los hombres.
  5. Esta respuesta es tu estrategia para resolver problemas.
  6. Esta respuesta es cómo eliges a tu pareja sexual.
  7. Esta respuesta revela tu preparación para el matrimonio y el inicio de una familia.
  8. Esta respuesta es tu actitud hacia la muerte.

jueves, 15 de noviembre de 2018