
Será el visitante que se adentre en estos dominios de pinos y helechos el que decidirá si el Bosque de Oma es una creación del hombre-personificado en la figura del artista Agustín Ibarrola-, la naturaleza o de ambos.
Lo cierto es que el lugar existe, recoge los vientos que bajan del monte Oiz y las tempestades que siembra el Cantábrico, y es un punto y aparte en el paisaje vasco.
La entrada es libre y el plan de visita, una oda al libre albedrio. En Oma hay que perderse, pero con contención:

Poco importa que haya obras que no veamos o pinos coloreados que no encontremos, pues la arboleda permanecerá allí por siempre.
P.D.: El arte no tiene fronteras. Hace tiempo que los pinos del bosque animado de Oma aprendieron esa lección y, desde entonces, han vestido colores, máscaras y ojos.
Hola, de esto ya he visto fotos que me mando Rebeca sobrina de Alex, precioso lugar, ahi, si que seguro que las haditas disfrutan del cariño que dejan los humanos, no se si esa pintura afectará a la corteza del árbol, espero que se sientan contentos con ese colorido.
ResponderEliminarUn abrazo grande.