Es una de los grandes paradojas de la vida que las cosas que no queremos ver en nosotros mismos son las mismas cosas que debemos mirar para conocernos mejor y llegar a ser más plenamente lo que somos. Los sentimientos que nos hacen querer huir son el tesoro escondido lleno de energía y de inspiración, si estamos dispuestos a mirar. Estos sentimientos vienen en muchas formas, desde extrañas imágenes, o fragmentos de información hasta sueños recurrentes y sentimientos que surgen aparentemente sin razón. De cualquier forma que vengan, y no importa qué tan temibles parezcan, estos mensajeros traen la información que necesitamos para poder crecer.
Cuando estamos cansados de empujar algo hacia abajo, o tratando de escapar de ello, un buen primer paso es escribir lo que creemos que estamos evitando. A menudo esto resulta ser sólo la superficie del asunto o un símbolo de alguna otra cosa. Expresarnos plenamente en el papel es una forma segura de comenzar a explorar el oscuro territorio del inconsciente. La frialdad del intelecto nos puede dar la distancia que necesitamos para leer lo que hemos escrito y tener menos miedo de ello.
Dentro de las partes de nosotros mismos que no queremos ver, hay emociones que necesitan ser sentidas. Las emociones sin sentir son energía atascada, y cuando dejamos emociones sin procesar, nos privamos del acceso a esa energía. Cuando nos sintamos lo suficientemente fuertes, podemos comenzar el proceso de sentir esas emociones, por nuestra propia cuenta o con la guía de un consejero espiritual. Es a través de este trabajo que el tesoro enterrado de la energía y la inspiración fluirá desde nuestros corazones, dándonos el valor de mirar a todas las partes de nosotros mismos con visión y compasión.
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