
La vida espiritual es una nutrición. Es el arte de transformar todo lo que recibimos del exterior en sabiduría, bondad, poder y paz. Contribuimos a esta transformación centrando, primero, toda nuestra atención en la salida del sol. Al volver después a nuestras actividades cotidianas, nos sentimos cada vez más saciados, más fuertes y más ricos. Sí, más ricos, porque esta luz del sol que hemos recibido es oro, oro etéreo, y este oro vale más que todos los lingotes amontonados en los bancos. “
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