El trabajo correcto de un mensajero

- El
verdadero mensajero debe tener muy claro que su trabajo consiste en
asistir a la formación de seres libres, independientes y responsables de
sí mismos y de su entorno. Significa que nunca deberá tornar a las
personas dependientes, esclavas y sumisas al conocimiento que recibe y
transmite.
- El mensajero debe saber y estar consciente de que él
fue seleccionado para el trabajo, por tener sus canales limpios y
telepatía, cualidades que fueron desarrolladas a través de sus
reencarnaciones y no por su “elevada espiritualidad”. Estas cualidades
fueron desenvueltas por la apertura mental, inclinación y estudios de
temas metafísicos, durante sus reencarnaciones.
- El hecho de ser
mensajero y colaborar con entidades elevadas no lo exenta de su trabajo
personal, individual y humano, que deberá realizar de vida en vida. Él
no es un ser elegido ni escogido, simplemente posee ciertas cualidades
que lo calificaron para el trabajo.
- El mensajero no puede
derogarse ni permitirse títulos como: maestro, gurú, guía, mentor, etc.
Él debe tener muy claro, que él es un simple instructor y transmisor del
conocimiento universal, que fue recibido para el beneficio de la
humanidad y no para beneficio de él.
- El peligro más grave y
preocupante para un mensajero es el ego. Un excelente mensajero es aquel
que no se deja guiar por su ego, ni por sus sentidos externos, sino que
él por su trabajo interior, de conocimiento, entendimiento y amor, ha
superado su ego, realizando su colaboración cósmica guiado por sus
sentidos internos.
- El conocimiento que el mensajero recibe no le
fue dado para enriquecerse pidiendo donaciones, cobranzas o bienes
materiales. El conocimiento no es de él, ni para él; es para la
humanidad.
- Si el mensajero, a través de recibir conocimientos
elevados, comienza a percibir cambios en él, donde sus sentidos internos
van despertando, él no puede utilizarlos a propio beneficio. Los
sentidos especiales muchas veces le son otorgados por el Universo para
ayudarlo en la transmisión correcta del conocimiento y para ayudar a sus
semejantes, siempre y cuando sea de suma necesidad.
- El
auténtico mensajero nunca expondrá su conocimiento o los dones que el
Universo le otorgó para su trabajo, para hacer de ellos una exposición
circense de poder y gloria.
- El verdadero mensajero trabajará en
sí mismo con humildad y sinceridad, convirtiéndose en un ejemplo de vida
y en un representante digno de la Divinidad.
- El ejemplo de vida
de un genuino mensajero es la única carta de presentación que él tiene
ante los demás. A través de ello, ustedes sabrán distinguirlos y recibir
de ellos las enseñanzas universales, sin hacer de ellos seres
especiales, sin seguirlos, venerarlos o adorarlos.
- Un mensajero
consciente nunca utilizará el conocimiento recibido para fundar
escuelas, instituciones, religiones y creencias. El conocimiento
recibido será para todos y este podrá ser transmitido a través de
intercambios grupales de trabajo y entendimiento.
- Por último, un
mensajero nunca desvirtuará el conocimiento recibido, inventando o
cambiando las enseñanzas originales. Estas deberán ser dadas exactamente
como fueron recibidas, para que la transmisión no se desvirtúe ni se
distorsione, aunque algunos no las acepten.
Susan Powell
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