
"La vida cotidiana no es más que una serie de preocupaciones y de
actividades múltiples en las cuales estáis obligados a
dispersaros, y es por ello que, al final del día, no sabéis muy
bien, a veces, dónde estáis. Pero hay un remedio para ello:
donde estéis, varias veces al día, acostumbraros a deteneros
algunos instantes para recogeros y contactar así con vuestro
verdadero Yo. Tanto si os halláis en vuestra casa, en el trabajo
o incluso en la calle, pensad en hacer este ejercicio.
yo no digo que debáis meditar en la calle, pero podéis muy bien
deteneros algunos segundos ante el escaparate de una tienda, y
ahí, sin estar necesariamente concentrado, tenso, fijo en algo,
cerráis los ojos algunos segundos sin pensar en nada. En este
momento en que el alma y el espíritu ajustan las corrientes,
reencontráis vuestra unidad interior y os sentiréis calmados,
reforzados. Ejercitaros y comprenderéis cuánto esta práctica,
en apariencia insignificante, puede ayudaros."
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