
Hace
una semana, Saturno entró al oscuro Escorpio, por donde viajará durante
tres años, planteando dos temas que a la mayoría de la gente le
gustaría evitar: sexo y muerte. En 25 años de trabajo como astrólogo
profesional, he encontrado dos signos muy reacios a recibir lecturas:
Capricornio y Escorpio. Capricornio porque, al igual que las poderosas
pero tímidas cabras montesas, ellos detestan quedar atrapados en el
corral de las ideas de alguien más, que reducen su compleja naturaleza a
definiciones arrogantes y trilladas. Escorpio se resiste a las lecturas
porque los astrólogos proyectan sus propios sentimientos no reconocidos
sobre el sexo y la muerte en ese signo, y pocas personas en nuestra
cultura han hecho las paces con el sexo y la muerte. Hasta que se capte
el significado más profundo del sexo y la muerte, no se puede entender
la vida, porque toda la vida se encuentra entre estos dos extremos. El
sexo y la muerte son el principio y el fin de nuestra existencia
terrenal. Cuando Saturno entra y pasa a través de cada signo, despoja a
ese signo de todo lo que no es esencial, y ahora que a Escorpio se lo
está desnudando hasta los huesos, el sexo y la muerte están golpeando
las puertas psíquicas de nuestra cultura, exigiendo que se los deje
entrar (y salir).

Un
amante que hace el amor a menudo tiene el potencial de crear no sólo
otra vida, sino re-crear su propia vida desde las raíces. Yo creo que
Adán y Eva no fueron expulsados del Jardín por pecar, sino que eligieron
salir voluntariamente con el fin de llevar el Paraíso a todos los demás
mediante el poder oculto de la sexualidad sagrada. Los franceses llaman
al orgasmo
le petit mort – la “pequeña muerte”. El sexo sagrado
puede curar enfermedades, regenerar su derecho de nacimiento a la dicha,
quemar fantasmas kármicos, extinguir vidas pasadas que han arrastrados
por siglos, y purgar su cuerpo y mente para suscitar una resurrección.
Si no están haciendo el amor así, entonces están atrapados en una
versión culturalmente reducida. Lo que el sexo y la muerte deberían ser
ha quedado apresado en una jaula cultural que los está conteniendo.
Nadie debe sentir vergüenza por un sexo bueno y saludable – y ya que
todos vamos a morir, más nos vale hacer las paces con eso también.
Tememos a la muerte sólo si tememos a la vida, porque el espectro de la
muerte nos recuerda las formas en que nos estamos frenando y aún no
hemos emergido plenamente vivos. Al enfrentarse a su propia muerte y la
muerte de otros durante los próximos tres años, si encuentran que sus
sentimientos cambian, entonces su cuerpo y su mente han sido aplastados
contra el tácito tabú principal que nuestra cultura tiende sobre las
bases más tiernas, volátiles y básicas de la vida misma. Para hacer las
paces con la encarnación, tenemos que transgredir el tabú y descubrir lo
que hay en el otro lado.
¿Quién eres realmente? ¿Qué viniste a hacer aquí? ¿Cuánto tiempo más vas a esperar?
por Mark Borax
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