
En la vida encontramos personas muy sencillas que solamente poseen algunas cuartillas en las que han inscrito un pequeño número de verdades esenciales que se esfuerzan por aplicar, y se las siente habitadas por el espíritu y por la luz. También encontramos a otras, que son eruditos, que poseen en sus bibliotecas todos los libros sagrados de la humanidad que citan, pero de ellos no emana nada espiritual. Lo esencial es tener algunos conocimientos y construir algo con ellos. Podemos llamar a esta construcción nuestro futuro… o nuestro templo. Y es, en
efecto, en este templo en el que pensaba san Pablo cuando escribía en la segunda epístola a los Corintios: «Nosotros somos el templo del Dios vivo».”
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