
"¡Cuánto pueden enseñarnos los animales! Algunos tienen
costumbres, comportamientos, trazos de carácter que nos invitan
verdaderamente a reflexionar.
centenas volando en la oscuridad de una estrecha cueva, pero
nunca se golpean contra las paredes ni tampoco se hacen daño
entre ellos, porque poseen una especie de radar que les permite
evitar los obstáculos. El murciélago, he aquí un ejemplo sobre
el cual los humanos deberían meditar, ¡ellos que no saben medir
ni sus gestos, ni sus palabras, ni sus miradas! Solamente se
arrugan, se zarandean, se enfrentan. Sabéis a qué me refiero,
¿no es cierto? Y bien, moverse con destreza entre los demás, es
todo un arte en el cual os podéis ejercitar desarrollando en
vosotros este radar que se llama el respeto, la atención…"
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