
En la práctica espiritual, renunciar, es transponer una necesidad, una tendencia, un placer a un plano superior. Seguimos alimentándonos, amando, teniendo diferentes actividades, pero con unos elementos más puros, con un objetivo más desinteresado. La renuncia no es pues sinónimo de muerte, por el contrario es sinónimo de vida. Aquél que no lo ha comprendido, se estanca. Y es precisamente este estancamiento el que le conduce hacia la muerte. Mientras que si acepta ciertas privaciones, transforma una energía bruta en una energía más sutil, y no sólo no muere, sino que se enriquece.
Trabajad mucho tiempo para afirmar vuestras convicciones. Si vais contando por todas partes que habéis encontrado por fin el camino de la luz, que estáis decididos a seguir este camino, etc., os ponéis en la situación de crearos obstáculos, de provocar reacciones. Algunos tratarán de demostraros que os equivocáis, que sois un idealista, un ingenuo, etc.; y si vuestras convicciones todavía no son suficientemente sólidas, no sólo no persuadiréis a estas personas de lo contrario, sino que seréis vosotros quienes capitularéis ante ellos.
Sea cual fuere vuestra necesidad de generosidad para compartir vuestros descubrimientos, empezad por guardarlos para vosotros mismos. Vivid con estas verdades, haced experiencias y ejercicios con ellas hasta que se conviertan en carne y hueso en vosotros, hasta que se integren en vosotros. No sólo os aportarán una luz, una fuerza que os ayudarán a triunfar en las dificultades de la vida, sino que el día en que habléis de ellas a los demás, lo haréis con un acento tal de autenticidad que todas las objeciones desaparecerán.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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