La sexualidad crea momentos de excepcional intensidad y plenitud. Es
una experiencia en la que el placer es supremo y nos transporta muy
lejos de nuestra vida cotidiana, induciéndonos una suerte de trance, un
mundo de sensaciones casi irreales. El espíritu anhela esta clase de
experiencias, por lo que es comprensible que el sexo resulte tan
irresistible y tentador.
Durante siglos nos han transmitido la idea de que para ser espiritual
hay que practicar la castidad, la cual no es más que una ignominiosa
represión de un sentimiento y una emoción como es el deseo sexual, que
nos fue dada por nuestro Creador de una manera especial. El ser humano es el único animal, que no tiene una época de celo,
porque su deseo sexual es permanente, y sólo necesita del estímulo. “El
instinto de apareamiento es una de las fuerzas impulsoras físicas
dominantes en los seres humanos.” Al unir nuestro cuerpo, uno se convierte en uno sólo armonía
sensorial. En las más antiguas tradiciones herméticas, se hablaba con
toda propiedad de la magia sexual, pues todos los seres humanos poseemos
fuerzas eléctricas y magnéticas, que actúan como una fuerza de
atracción y entre un hombre y una mujer estas polaridades se manifiestan
y se potencian con fuerza en la unión sexual, dando vida al erotismo y a
la vida creadora del pensamiento y transformando al sexo en el mediador
entre la fuerza instintiva inconsciente y la moderación y conciencia de
nuestro espíritu residente. La magia sexual no está en reprimir la
energía sexual, sino en saber encauzarla. El sexo, ha sido tildado de pecado si no va unido a la procreación,
pero han limitado esta procreación a la vida humana, ignorando que el
sexo es algo realmente sagrado, porque siempre es portador de vida y un
acumulador de energía etérica, que nosotros podemos transformar en
positivas o negativas, dependiendo no del sexo mismo, sino de nuestras
vibraciones. El sexo trasciende lo biológico “el acto sexual no impone
consecuencias biológicas sobre él.” por tanto lo verdaderamente puro o
pecaminoso, no está en el acto mismo, sino en la intención y en la
conciencia que tengamos al hacerlo. Nuestro cuerpo no puede ser
pecaminoso porque es el templo de Dios, por tanto lo corporal no debe
ser mirado como algo negativo, somos mente cuerpo y espíritu y esta
trilogía debe estar presente en el acto sexual para hacer de él una
experiencia maravillosa, como debería ser siempre un acto de amor, y que
no se piense que esta espiritualización del sexo disminuye el placer y
la pasión, muy por el contrario la intensifica al dar conciencia a lo
que estamos sintiendo. Desconozco su autor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si consideras que te ha gustado o simplemente no te gusta lo que esta aquí escrito házmelo saber, me ayudara a superarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si consideras que te ha gustado o simplemente no te gusta lo que esta aquí escrito házmelo saber, me ayudara a superarme.