
bajo múltiples aspectos. El espíritu desciende para animar la materia, es la involución; y la materia animada por el espíritu asciende, es la evolución. Ninguna evolución hubiera sido
posible si no hubiera habido previamente una involución; sino, ¿de dónde procederían estas fuerzas, estas energías que permiten a las formas diversificarse y afinarse?
La evolución de las formas materiales, las de las piedras, las plantas, los animales y los humanos, se ha podido hacer gracias al descenso del espíritu. Es una ley cósmica: el espíritu debe descender para que la materia pueda elevarse, evolucionar. “
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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