El deseo de inmortalidad que habita en los humanos no es una quimera, sino que está fundado realmente, pero como ignoran qué es lo que en ellos es inmortal, la mayoría se aferra todo lo que puede a la vida física. Sin embargo, la inmortalidad no le ha sido dada al cuerpo físico, y sólo se sentirán inmortales el día en que hayan aprendido a impregnar sus pensamientos, sus sentimientos y sus actos de la vida del espíritu. La vida inmortal está ahí. Los que viven la vida del espíritu, los que han comprendido verdaderamente lo que es la vida del espíritu, no tienen miedo a la muerte. Tienen conciencia de que las riquezas que han acumulado en su corazón y en su alma no les abandonarán jamás: saben, al contrario, que las van a encontrar amplificadas en el más allá, puesto que es en el más allá donde todos tenemos nuestro origen.
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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