martes, 7 de mayo de 2013

En la vida espiritual lo importante es practicar, no el conocimiento


tigre
“La vida espiritual no necesita acumular muchos conocimientos. Lo esencial de la vida espiritual, es la práctica. No es bueno leer y estudiar sin tratar nunca de realizar, concretizar. Evidentemente, sin conocimientos suficientes la práctica resulta pobre, vacía. Pero una vez adquiridas ciertas nociones y verdades, es necesario concentrarse en algunos ejercicios y repetirlos todos los días.
En la vida encontramos personas muy sencillas que solamente poseen algunas cuartillas en las que han inscrito un pequeño número de verdades esenciales que se esfuerzan por aplicar, y se las siente habitadas por el espíritu y por la luz. También encontramos a otras, que son eruditos, que poseen en sus bibliotecas todos los libros sagrados de la humanidad que citan, pero de ellos no emana nada espiritual. Lo esencial es tener algunos conocimientos y construir algo con ellos. Podemos llamar a esta construcción nuestro futuro… o nuestro templo. Y es, en
efecto, en este templo en el que pensaba san Pablo cuando escribía en la segunda epístola a los Corintios: «Nosotros somos el templo del Dios vivo».”

lunes, 6 de mayo de 2013

¿Cómo te enferman las emociones?


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A veces, una persona se siente físicamente mal sin un motivo aparente. Tal vez se trata de cansancio, dolores de cabeza, problemas digestivos o cualquier otro síntoma que le impide estar bien y que parece arrastrar día tras día sin que desaparezca.
Mucho más a menudo de lo que creemos, los síntomas físicos y enfermedades tienen su origen en nuestras emociones. Eso no significa que no sean reales o estén solo en nuestra mente. Significa que tus emociones pueden llegar a enfermarte.
Existe un pequeño truco que nos puede ayudar en muchos casos a determinar si una enfermedad o síntoma tiene un origen psicológico. Imagina, por ejemplo, que tienes contracturas o dolores de cabeza. Cuando es de origen físico (por ejemplo, una contractura tras un esfuerzo físico excesivo), el dolor sigue un curso similar al de una enfermedad aguda típica o alguna herida: el cuerpo reacciona y comienza la curación de inmediato, de modo que vas mejorando día tras día hasta que el problema desaparece por completo en poco tiempo. Sin embargo, cuando es de origen emocional, sigue estando ahí hagas lo que hagas. Tu cuerpo intenta curarse pero no lo consigue, porque la causa sigue presente, dentro de ti, en tu propia mente. Y mientras no vayas directamente a esa causa, no lograrás hacer desaparecer los síntomas.
El estrés
Cuando nos enfrentamos a algún tipo de presión, tanto externa como interna, nuestro cuerpo reacciona con la respuesta de estrés. Por ejemplo, empiezas un nuevo trabajo donde tu jefe te trata con desprecio. Ante una situación como esta, sientes una tensión que se produce tanto a nivel emocional como físico.
A nivel psicológico o emocional aparece un estado de preocupación o ansiedad, irritabilidad, ira, problemas para dormir, tristeza, cansancio o problemas para concentrarse. A nivel físico puede producirse un aumento de la frecuencia cardiaca, problemas digestivos, mareos, contracturas, dolor de cabeza o espalda, sensación de falta de aire, sudoración o dolor de cabeza.
El estrés puede ser debido a ciertas circunstancias externas. Por ejemplo, problemas laborales, acoso en el trabajo, relaciones de pareja tormentosas, etc. Pero la forma en que reaccionas ante estas circunstancias es la que, en última instancia, determina cómo vas a sentirte. Por este motivo, lo que pienses y hagas ante una situación estresante es muy importante.
En otros casos, es el propio modo de ser de una persona el que la lleva a estar preocupada por prácticamente todo y reaccionar continuamente con miedo y estrés ante cualquier contratiempo, imprevisto o problema, por pequeño que sea. No es raro que estas personas tengan síntomas crónicos, como dolores de cabeza, migrañas, hipertensión, contracturas, fatiga crónica o incluso enfermedad cardiaca.
¿Cómo el estrés llega a enfermar a una persona?
Los síntomas descritos se producen porque, ante una situación de estrés, nuestro cuerpo se prepara automáticamente para luchar o para huir. Se liberan unas hormonas (las hormonas del estrés) que dan lugar a una serie de cambios fisiológicos:
  • Para huir o luchar es necesario que los músculos se tensen, de ahí que las contracturas y problemas musculares sean tan típicos en personas estresadas.
  • El corazón late más deprisa para llevar más sangre y oxígeno a los músculos que van a necesitarla para huir o luchar, y la respiración se acelera.
  • Nuestro cuerpo considera que debe enviar la mayoría de sus recursos a los órganos que más lo necesitan en ese momento (los encargados de la lucha o huida), de manera que hace que las funciones menos necesarias en ese momento se vuelvan más lentas. Esto es lo que sucede con la digestión. Si sientes miedo, las contracciones y secreciones del duodeno y el estómago se inhiben, mientras que si sientes ira, se aceleran.
  • El sistema inmunitario también se ve inhibido por el mismo motivo (la energía hace más falta en otros órganos).
Esta es una respuesta diseñada para funcionar a corto plazo, que nos permite afrontar de manera más efectiva una amenaza inmediata. El problema aparece cuando el estrés se hace crónico, y esta respuesta se prolonga en exceso. Cuando esos cambios fisiológicos se prolongan en exceso pueden acabar causando daño y enfermedad.
Por ejemplo:
  • El estrés hace que aumente la densidad de la sangre, y esto puede aumentar la probabilidad de formación de coágulos.
  • Al estar disminuida la respuesta inmunitaria, aumenta la probabilidad de padecer infecciones.
  • Cuando aparece una célula cancerosa, un sistema inmunitario sano la destruye. Si este sistema está inhibido por el estrés, la probabilidad de cáncer es mayor.
  • Al estar afectado el aparato digestivo por el estrés, pueden aparecer dolor abdominal, estreñimiento, diarrea, acidez de estómago, úlcera, etc.
  • El estrés puede hacer que la probabilidad de abortar aumente en un 50%.
  • Los síntomas similares a las alergias que padecen algunos trabajadores de oficina (asma, dolor de cabeza, eczema, sinusitis) y que se ha dado en llamar síndrome del edificio enfermo, puede ser en realidad una consecuencia del estrés.
  • El dolor de cabeza es un síntoma muy típico asociado al estrés. Es un dolor producido por tensión muscular. Hay personas que tienen una predisposición biológica a convertir el estrés en tensión muscular.
  • El estrés puede ser también el causante de la migraña, aunque en este caso, el dolor aparece una vez que la causa de estrés ha desaparecido.

sábado, 4 de mayo de 2013


celulas
Bruce Lipton, doctor en Medicina, investigador en biología celular
No se trata de un gurú de las pseudociencias, Lipton impartió clases de Biología Celular en la facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin y más tarde llevó a cabo estudios pioneros de epigenética en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que lo llevaron al convencimiento de que nuestro cuerpo puede cambiar si reeducamos nuestras creencias y percepciones limitadoras. El problema siempre es el cómo: cómo cambiar la información del subconsciente. En su libro La biología de la creencia (Palmyra) recomienda métodos como el PSYCH-K. Y en La biología de la transformación (La esfera de los libros) explica la posibilidad de una evolución espontánea de nuestra especie.
Me enseñaron que los genes controlan la vida, que en ellos se inscriben todas nuestras capacidades y características, pero es falso.
¿Del todo?
No somos víctimas de nuestra genética, en realidad es el ADN el que está controlado por el medio externo celular.
¿Qué significa eso?
La célula es la vida. Hablar de una célula es como hablar de una persona. Nosotros recibimos la información a través de los cinco sentidos y las células reciben las señales del entorno a través de los receptores que captan la información. El ADN es controlado por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos.
¿Somos lo que vivimos y pensamos?
Sí, y cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios que empecé hace cuarenta años demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá de ella.
¿Y?
Según el entorno y como tú respondes al mundo, un gen puede crear 30.000 diferentes variaciones. Menos del 10% del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética.
¿Es el entorno el que nos define?
Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas.
Pero las creencias están inscritas en lo más profundo de nuestro subconsciente.
Cierto. El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos.
¿Entonces?
Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, y lo he comprobado a través de numerosos experimentos. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.
Me suena a fórmula feliz…
Así es como funciona el efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me encuentro mejor. ¿Qué me ha sanado?…
¿La creencia?
Eso parece. Al igual que los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienen razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará.
¿Y eso por qué?
La química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que las células mueran. Los pensamientos positivos son un imperativo biológico para una vida feliz y saludable. Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo.
O creces o te proteges.
Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, la protección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida.
¿Qué significa prosperar?
Para prosperar necesitamos buscar de forma activa la alegría y el amor, y llenar nuestra vida de estímulos que desencadenen procesos de crecimiento. Las hormonas del estrés coordinan la función de los órganos corporales e inhiben los procesos de crecimiento, suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico.
¿La culpa de todo la tienen los padres?
Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida.
Y las creencias inconscientes pasan de padres a hijos.
Así es, los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla.
¿Cómo detectar creencias negativas?
La vida es un reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas cosas que el subconsciente te permite que funcionen, lo que requiere mucho esfuerzo son esas cosas que tu subconsciente no apoya.
¿Debo doblegar a mi subconsciente?
Es una batalla perdida, pero nada se soluciona hasta que uno no se esfuerza por cambiar. Deshágase de los miedos infundados y procure no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de sus hijos.
Ima Sanchís, LA VANGUARDIA.

Sexo y Muerte

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Hace una semana, Saturno entró al oscuro Escorpio, por donde viajará durante tres años, planteando dos temas que a la mayoría de la gente le gustaría evitar: sexo y muerte. En 25 años de trabajo como astrólogo profesional, he encontrado dos signos muy reacios a recibir lecturas: Capricornio y Escorpio. Capricornio porque, al igual que las poderosas pero tímidas cabras montesas, ellos detestan quedar atrapados en el corral de las ideas de alguien más, que reducen su compleja naturaleza a definiciones arrogantes y trilladas. Escorpio se resiste a las lecturas porque los astrólogos proyectan sus propios sentimientos no reconocidos sobre el sexo y la muerte en ese signo, y pocas personas en nuestra cultura han hecho las paces con el sexo y la muerte. Hasta que se capte el significado más profundo del sexo y la muerte, no se puede entender la vida, porque toda la vida se encuentra entre estos dos extremos. El sexo y la muerte son el principio y el fin de nuestra existencia terrenal. Cuando Saturno entra y pasa a través de cada signo, despoja a ese signo de todo lo que no es esencial, y ahora que a Escorpio se lo está desnudando hasta los huesos, el sexo y la muerte están golpeando las puertas psíquicas de nuestra cultura, exigiendo que se los deje entrar (y salir).

image004Un amante que hace el amor a menudo tiene el potencial de crear no sólo otra vida, sino re-crear su propia vida desde las raíces. Yo creo que Adán y Eva no fueron expulsados del Jardín por pecar, sino que eligieron salir voluntariamente con el fin de llevar el Paraíso a todos los demás mediante el poder oculto de la sexualidad sagrada. Los franceses llaman al orgasmo le petit mort – la “pequeña muerte”. El sexo sagrado puede curar enfermedades, regenerar su derecho de nacimiento a la dicha, quemar fantasmas kármicos, extinguir vidas pasadas que han arrastrados por siglos, y purgar su cuerpo y mente para suscitar una resurrección. Si no están haciendo el amor así, entonces están atrapados en una versión culturalmente reducida. Lo que el sexo y la muerte deberían ser ha quedado apresado en una jaula cultural que los está conteniendo. Nadie debe sentir vergüenza por un sexo bueno y saludable – y ya que todos vamos a morir, más nos vale hacer las paces con eso también. Tememos a la muerte sólo si tememos a la vida, porque el espectro de la muerte nos recuerda las formas en que nos estamos frenando y aún no hemos emergido plenamente vivos. Al enfrentarse a su propia muerte y la muerte de otros durante los próximos tres años, si encuentran que sus sentimientos cambian, entonces su cuerpo y su mente han sido aplastados contra el tácito tabú principal que nuestra cultura tiende sobre las bases más tiernas, volátiles y básicas de la vida misma. Para hacer las paces con la encarnación, tenemos que transgredir el tabú y descubrir lo que hay en el otro lado.
¿Quién eres realmente? ¿Qué viniste a hacer aquí? ¿Cuánto tiempo más vas a esperar?
Mark Borax